Se busca: y vivo y muerto.
     Promunciado en la Facultad de Arquitectura de la Pontifica Universidad Católica de Lima, 2011.
I. Intro: Etat d’âme
Asisto perplejo a la excitación que éste momento causa a mi alrededor, como si alguien contara una gracia que no logro pillar. Tengo el rictus de quien sonríe incómodo en una situación que no comprende, se me escapa la gracia suprema de éste hoy de duración eterna. Lo último y lo antiguo me sofocan, una por su urgencia y la otra por el peso de la acumulación. El ahora es insoportable como un crucero de lujo: día tras día el mismo horizonte, la misma gente, el mismo calypso infernal, las mismas montañas de comida, la misma distancia a cualquier deseo y a cualquier destino. Lo contemporáneo, extenso y uniforme, es aire sin viento, Un vacío repleto de actividad frenética, de alegría exaltada, marcha y música, y sin saber que esperamos esperamos a que algo, desde fuera llegue y nos complete…

Créanme que no tengo una particular voluntad de aislamiento: hago lo que cualquiera. Trabajo mas de ocho horas al día, ayudo en las tareas del hogar, utilizo un ordenador y lo disfruto. Pago mis impuestos, aunque no siempre con puntualidad. En ocasiones voy a cenar con mi novia, veo comedias románticas americanas con mi hija adolescente que suspira por encontrar el amor y miro capítulos de Spiderman con mi hijastro de cuatro años, quien suspira por que le pique el bicho que le dará los poderes del superhéroe. Escucho música pop, miro algo de televisión, me sé el nombre de alguna presentadora a la moda y sin saber como incluso me entero de la última desavenencia entre Brad y Angelina.

Vaya, mas o menos hago lo que toca hacer para llevar una vida “normal” que se inscribe en la figura de nuestro tiempo. No añoro ningún otro tiempo, y entiendo que quizá nunca la humanidad haya gozado de una mayor calidad material de vida que ahora, en que lo elegante es vivir sin objetos.

Y sin embargo y a mi pesar…la lógica bulliciosa del momento se me escapa, y la felicidad que me proponen me parece banal …

Ese sin embargo se cuela en cada rincón de la vida. Imagínenme echado panza arriba en la mas paradisiaca de las playas, el continente lo dejo a su imaginación, el que mas les haga soñar, con un sol esplendoroso, la arena mullida y dorada, el mar un arco-iris de tonalidades que van desde el ultramarino mas purpúreo hasta el turquesa mas límpido y transparente, como si fueran los ojos de una fantasía. Sientan el olor maravilloso que mezcla la sal, el sol sobre la piel y ese aroma vacacional vulgar y alegre de las lociones solares. Se escucha el romper de las olas, las risas de los niños y se intuyen también las de las mujeres. Incluso les pido imaginar una brisa ligera e ideal que lleva y trae esos sonidos y esos olores y que me permite estar así al sol durante horas en éste acto de adoración animal intuitivo y eterno. Ahora les pido que imaginen como en ese estado de ensueño, al dormir despierto siento una pequeña incomodidad, como si algo hubiese cambiado ensombreciendo éste estado perfecto, me incorporo y veo que han sido tan solo unas nubes pasajeras, seguramente movidas por esa brisa perfecta. “Ya pasarán”, pienso mientras miro la playa por debajo de mis gafas de sol a la moda, soy el epítome de lo cool, nada puede tocar mi felicidad mi profundo sentido de auto-satisfacción, meritoriamente obtenido. Imagínenme así, rodeado de todos ustedes, que están ahí, al igual que yo. La playa no está ni abarrotada ni tristemente desierta, estaba pasando una nube, me incorporo un poco bajo la sombra pasajera que proyecta y me doy cuenta de que soy el único en la playa que está a su sombra. “Ya pasará, pienso. Y no pasa. Y después de un rato me cambio a otra parte de la playa, donde si luce el sol esplendoroso… Y esa nube ligera suavemente meneada por la brisa cae de nuevo, entre el sol y yo!. Y así una y otra vez, por el resto de la tarde, de las tardes y el resto de los días a venir. Vaya vacación! Vaya fiesta.

Quizá esa nube no sea algo que está ahí, en el cielo, podría ser tan solo una cierta voluntad de tristeza, una nube interior, o parte de un temperamento melancólico, como de artista. Pero hay algo que me hace pensar que está ahí, sobre la playa y lo cubre todo, con algo menos que una sombra y algo menos que una luz. Yo la veo y no entiendo porque los demás hacen como si nada…
Para describir esa nube tendría que recurrir a un lenguaje que es casi anacrónico, superado. Tendría pues que recurrir a los vaticinios de Karl Marx o Walter Benjamin y pensar que esa nube tiene un nombre y una historia, que se llama mercado, y es la manera en que nuestro existir se reduce a nuestro precio de compra y venta.

En mis años universitarios imaginaba el porvenir como un campo de posibilidades de transformaciones y de aperturas, un árbol que crecía y se ramificaba en dibujos imprevistos Entonces el mundo estaba partido en dos por la historia de ese tiempo, en bloques de ideas enfrentadas, no solo como a veces parece a la distancia, por distintas maneras de concebir el poder, sino que mas profundamente aún por la manera de definir la naturaleza del hombre. La discusión nunca era cansina porque parecía que siempre había algo en juego, era un debate sobre la naturaleza de las personas y de los caminos que podemos abrir en nuestra vida: que hay distintas maneras de vivir y distintas aspiraciones posibles.

El triunfo devastador del capitalismo ha significado la entrada en escena de un pensamiento único, olvidadas las feroces batallas retóricas del enfrentamiento existencial, que nos daban la impresión de participar de la historia, inclusive de tener posibilidad de hacer historia. Ahora somos todos capitalistas o aspiramos a serlo.


Éstas son las preocupaciones que me mueven a pintar, son el trasfondo de mi trabajo. Ante la tristeza opresiva del presente monocromático, siento que tengo que oponer una voluntad de resistencia, que se de antemano inútil, nadie puede escapar a su tiempo, y las fuerzas en marcha son de una escala y fuerza que lo superan todo.

Y sin embargo siento la necesidad de dejar constancia de ese sin embargo, de una voluntad de resistencia ante lar la oscuridad de los tiempos, y siento lla necesidad de de imaginar una forma del sentir que sea distinta: quizás es tan solo una intuición de que las cosas tal y como se hacen, tal y como se explican, no logran explicar mi propio sentir. Lo que me lleva al arte es el intento de decir lo que siento y que nadie parece estar explicando, lo que nadie está diciendo.


II. La pintura.
No me he hecho pintor para expresar mi imaginación ni mi energía ni mi creatividad. Me he hecho pintor para intentar comprender los procesos del tiempo expresado en imágenes y a través de ellas mostrar mi desasosiego, mi placer y mi esperanza ante alternativas de lo posible.
Mi campo de trabajo es modesto: si ya el arte hoy es secundario, pues la pintura no es casi nada. Alguien que hoy aspire a hablar con el mundo, a incidir en las opiniones se debe dedicar al cine, a la publicidad, a la música pop, a la moda. Estoy en la situación paradójica de ocuparme de una disciplina que lo ha sido casi todo y hoy no es casi nada. La pintura ha acabado por perder cada uno de los terrenos que le pertenecían, su capacidad de visualizar historias la ha superado el cine, de captar el mundo y las apariencias, la fotografía, de inventar mundos nuevos y visionarios, el cine, el diseño, la imagen digital.
El mundo digital ha significado para la imagen una revolución aún mayor de lo que fue la imprenta para la historia de la literatura. Con éstos medios nuevos la imagen ha ido mutando, de calidad y de sentido. Se ha maximizado el sentido de la imagen como comunicación rápida e instantánea, como vehículo de mensajes, un fondo ambiental, como la música ambiental. Paradójicamente tengo la creciente sensación de que casi nadie sabe interpretar una imagen y eso es porque las imágenes, a diferencia de lo que se dice habitualmente, no se valen por si solas, existen en un entramado de sentidos que exigen un tiempo que no tenemos, nuestra capacidad de citar, nuestro sentido actual de la historia parece abarcar como mucho 50 años. Conocemos solo los códigos mas recientes y la imagen pierde así la capacidad de resonar en el tiempo como si lo hace el solo decir “el mar purpúreo”, que se estira hasta alacanzar desde ésta orilla los pies del mismísimo Ulises, en el otro extremo del tiempo.

En un mundo que funciona a la velocidad de éste, con su capacidad de duplicación y transmisión, aunada a la conquista de una capacidad técnica asombrosa para la producción material, la idea de una persona que a un ritmo lentísimo, y con técnicas anticuadas produce objetos artesanales que se venden a un elevado precio a pesar de que su valor es del todo relativo, difícilmente objetivo, cae casi en el terreno de lo humorístico. Kafka, hoy no hablaría de los absurdos de la burocracia, sino de los del arte…


III. El territorio de mi trabajo.
Al hablar de mi pintura lo único que puedo hacer es hablarles de lo que las palabras pueden decir sobre la pintura, una traducción de sensaciones, las ideas que acompañaban las obras, y los recuerdos prácticos del día a día cuando se elaboraban. El lenguaje habitual, verbal, a pesar de su riqueza, se queda corto en muchos terrenos, terrenos que pertenecen a otras lenguas que describen algunos lugares de nuestra interioridad con la mayor precisión: la pintura, la arquitectura, la danza hablan de cosas distintas y de manera distinta de cómo lo hace el lenguaje habitual, y aunque en mi trabajo hay un trasfondo “conceptual” ligado al mundo de las ideas que transitan por el lugar del lenguaje verbal, siempre se entiende éste marco de ideas como un punto de partida para el trabajo que al desarrollarse va encontrando su propio punto de llegada, que casi nunca es el que imaginaba al comenzar. Ya daba Hegel, la que sigue siendo mi definición preferida del arte: es el pensamiento vivido como experiencia.

Mi trabajo trata sobre el tiempo, sobre la posición que ocupo ante las cosas en el fluir de la historia, personal, colectiva, el lugar desde donde las miro y desde donde me afectan. Mis cuadros, mas que poesía visual, son ensayos emotivos que intentan mirar la acumulación del conocimiento de los objetos, los rastros visibles de la historia y como operan sobre mi, sus procesos y las emociones que suscitan.

Siento que todo esto se asienta sobre una pregunta fundamental ¿qué es lo de hoy?¿qué es el presente?¿cual es la naturaleza de mi tiempo? ¿dónde acaba el presente y comienza el futuro, donde acabó el ayer y comenzó el hoy? Y el medio a través del cuál miro éstas cuestiones es el arte, las imágenes, los objetos. Mi trabajo se interroga sobre el tiempo a través de las imágenes y las formas en que estas pueblan mi imaginación y articulan mis emociones y mis ideas, acompañan mis vivencias. Intenta hacerlo estableciendo una sensibilidad, yo lo llamaría incluso un lugar, una manera de posicionarse en el mundo.

El pasado no es lo antiguo sino lo que está muerto. Todas las emociones vivas que causa, por ejemplo, una obra de arte de otro tiempo, si no nacen de una admiración histórica, sino de una genuina emoción son, pues, presente, son algo que nos ocurre, que como espectadores vivimos y que está desplegándose aquí y ahora
Y de que los muertos muertos están lo niega la manera en que aparecen en los sueños y dicen cosas que no dijeron en vida, en lugares en los que nunca estuvieron, y que esa capacidad de generar novedad, vida, discurso, rastros nuevos es la mayor prueba de que viven aún, una vida propia, dentro de mí.

Busco alejarme de la pintura como elaboración de una caligrafía personal, reconocible, de un repertorio de objetos, ideas colores identificables como una firma. Siempre he visto mi trabajo como el de una sensibilidad en acción, algo apenas visible, mas parecido a la manera en que un intérprete musical transmite ideas y sentimientos desde el absoluto apego a la partitura, colándose entre los silencios, las minúsculas pausas y matices que van construyendo su expresión. Algo discreto y decidido a la vez
Ante la infinita libertad que ofrece el arte hoy, creo que el primer trabajo de un artista es el de marcar ciertos límites, un territorio acotado que tiene unas características propias, como si se inventara un país, un territorio nuevo, que tiene su propia forma, su propia topografía y ciclos de lluvia y sol

Hace ya muchos años que años que me interesa sobre todo el arte cuya esencia escapa a la palabra, a la anécdota de su realización o a un impacto de la originalidad de la visión. Me interesa lo que no hace ruido, lo que no se mueve, aquello donde no sucede nada y que mas que definir un tiempo parece escapar al tiempo entrar en un terreno ambiguo desde donde logra generar su propia lógica). Un arte que no es evento

IV. La Ambigüedad

Digamos que a diferencia de las palabras, que pueden ser certeras y precisas, que pueden transmitir una jerarquía, ideas y sentimientos con precisión al comunicarse, (imaginen lo difícil que seria pintar un cuadro cuyo contenido fuera la frase: hoy me levanté de buen humor, punto) las imágenes, a menos que se traten de imágenes publicitarias, de señales o de algunos cuadros de historia, siempre escapan a la lectura unívoca
Una vez que dejamos de lado la pintura narrativa, y entramos en el terreno de los géneros (la naturaleza muerta, el paisaje, el retrato, la abstracción cromática) entramos en un territorio del todo distinto, el territorio de la ambigüedad de lo contado, la ambigüedad de lo que se quiere decir o de la misma razón de ser de la imagen.
Y es que el arte no se trata de comunicación, utiliza la comunicación pero para desviar nuestra atención por otros caminos, es como un mensaje con ruido.
Me parece que la mayor fuerza y emoción de la pintura está en una narratividad alternativa al lenguaje, una narratividad que no se despliega de forma linear, ni circular, sino que concéntrica, que nos empuja hacia distintos registros de la sensación, de la emoción. A través de las asociaciones que se van generando al mirar un cuadro, al ir y venir sobre su superficie.
Intento pintar cuadros que funcionen no como un camino que lleve al espectador hacia mi propia subjetividad, sino que como vehículos que permitan al espectador acceder a la suya propia. Intento que mis cuadros operen de forma analógica a lo que le sucede a un lector cuando al leer va haciendo el trabajo de imaginar y visualizar el mundo a partir de un texto entendido como guión. Y la voluntad figurativa en mi trabajo responde a ese deseo, a crear imágenes que se construyen a partir de un mundo objetivo, objetos impersonales, que son el equivalente de las palabras en pintura, y que en su construcción, en las relaciones entre lo representado y la manera de hacerlo permite surgir lo que es propio a mi expresión. Una pintura casi impersonal…como la lengua misma.

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Generalmente cuando alguien habla de la ambigüedad en pintura se refiere a los acertijos visuales, a las imágenes dobles, a una imagen literalmente fluctuante entre dos o mas alternativas presentes. Si hablo de la ambigüedad, en cambio, lo hago desde otro punto de vista, desde la idea de la ambigüedad psicológica y temporal, la obra que no puede ser reducida a una formula a una explicación sencilla del procedimiento ni de la intención, que crea un desasosiego acumulado y que se resiste a ser instrumentalizada para decir algo en concreto.
Cultivo la ambigüedad en cada aspecto de mi trabajo. Desde la preparación de los paneles de madera que parten de procedimientos tradicionales para crear superficies que recuerdan mas a una fotografía que a un cuadro, la aplicación de la pintura que no deja rastro, en que no hay pincelada ni detalles, desmontando la tendencia que tenemos a mirar en una pintura (los detalles, la elaboración, la pincelada), incluso la incomodidad de que no parezca que hay una distancia ideal desde donde se miran los cuadros, desde donde cobran foco y fuerza, al igual que éstas imágenes y objetos que nacen del imaginario colectivo, de la cultura popular. SI hace algunos años me interesaba la pintura como sistema de lenguaje, cada vez mas me interesan las cosas que tienen una media vida o que no están ni vivas ni muertas, que no son ni arte ni dejan de serlo, las artes decorativas, aquello que es simultáneamente especial y genérico. Así mismo cultivo la ambigüedad en el límite mismo de las figuras, en su estado de no estar del todo completas (proceso fotográfico de la revelación), la imagen como algo que está aún en proceso, en camino, y ambigüedad también en las figuras mismas que existen como suspendidas entre géneros, dudando entre lo que es observación y lo que es cita, es decir, entre lo que se recuerda y lo que se vive, la ambigüedad del tiempo al que se refieren las imágenes en que están pintadas, ambigüedad en donde se colocan con relación al presente o al pasado. Una parte de la ambigüedad que cultivan mis cuadros esté en proponer estructuras genéricas, ahí donde estamos acostumbrados a ver una caligrafía de autor.
Quisiera comenzar con las imágenes de mi obra citando la obra que para mi actúa como un faro, del lugar al que quisiera llegar, la Villa Malaprte esa especie de acertijo incomprensible que aúna tanto en sus espacios interiores con en su exterior una presencia escultórica, vernácula, moderna y abstracta e irremediablemente ligada a la antigüedad. No sé desde donde mirarla, donde colocarme yo, ni física ni psíquicamente para poder entenderla, y sin embargo es tan sencilla. Esa obra sin estilo y sin tiempo..