Lo Contemporáneo
     Hay nombres que se han fundido con los lugares que habitan al punto de que su sola menci�n nos restituye una temperatura, una luz, una voz precisa, un lugar del todo subjetivo. Así mismo hay palabras que a fuerza de repetici�n, de su uso obligado, van adquiriendo nuevos sentidos subjetivos mas all� de su sentido sem�ntico y de su significado habitual.
As� cuando nombro lo contempor�neo, siento: el presente sin futuro, la repetici�n perpetua, el espejo reflej�ndose a si mismo, el tiempo sin tiempo. Lo contempor�neo es aire sin viento, la atm�sfera refrigerada, el horizonte mon�tono, la superficie continua, lo lejano, lo inmediato, lo estad�stico, lo sociol�gico, lo colectivo.
Lo contempor�neo naci� cuando desapareci� el futuro, por ah� de 1970. Hasta entonces se hab�a hablado de modernidad cuando se buscaba mentar el propio tiempo. Moderno resonaba con la posibilidad de la anticipaci�n, la sensibilidad privilegiada que nos dejaba ver entonces el ma�ana que se acercaba, que acerc�bamos a trav�s de ese mismo esfuerzo de imaginarlo. Hab�a en moderno un ansia de futuro, como correspond�a a la descripci�n del tiempo que hab�a visto el nacimiento y multiplicaci�n de las utop�as, as� como el conflicto de las visi�n personales con las fuerzas colectivas.
Lo contempor�neo es la �poca en que el individuo delega la historia en otras manos: es la renuncia a imaginar el futuro. Lo contempor�neo es el futuro que ya ha llegado: es el presente sin futuro, el eterno presente, el presente arrancado al tiempo. Son los mecanismos sociales los que tienen ahora la responsabilidad ya no de realizar el futuro, sino que de imaginarlo.
Lo contempor�neo nace en el momento en que el individuo pierde su pulso con lo colectivo. Hasta entonces ese conflicto hab�a nutrido ricamente la evoluci�n de la realidad y la imaginaci�n humana. Lo colectivo y lo personal se tironeaban y complementaban en su b�squeda de futuro como dos alpinistas unidos por una misma cuerda. El final de ese conflicto es inmensamente complejo, pero uno intuye que fue consecuencia de transformaciones pol�ticas, la expansi�n de la tecnolog�a, un cambio radical en la concepci�n y formas del aparato productivo y la noci�n de trabajo. La derrota del comunismo, ha significado ir�nicamente el triunfo de lo colectivo sobre lo individual. Hoy el �mpetu personal solo puede inscribirse dentro de la democr�tica indiferencia del todo vale (que es decir que nada vale): la historia presente se transforma en estad�sticas y promedio (que no suma) de individualidades. No es accidental que el arte de hoy est� volcado a la sociolog�a o a la ornamentaci�n. Nos hemos resignado a aceptar las fuerzas sociales como motores de la historia: el mercado, la tecnolog�a, la mayor�a.
Lo contempor�neo es la �poca en que el individuo delega la historia en otras manos: es la renuncia a imaginar el futuro. Lo contempor�neo es el futuro que ya ha llegado: es el presente sin futuro, el eterno presente, el presente arrancado al tiempo. Son los mecanismos sociales los que tienen ahora la responsabilidad ya no de realizar el futuro, sino que de imaginarlo.
Pero esas fuerzas sociales sab�an que no nos pod�an arrebatar el tiempo sin darnos nada a cambio. As� que nos han dado la posibilidad de desplegarnos en el espacio. A enormes velocidades, en infinidad de lugares, de una manera casi sincr�nica, el instante toma el �mpetu de una avalancha y lo abarca todo convirti�ndose en figura de lo eterno. Por primera vez podemos desdoblar un instante para ver en �l todas las posibilidades pasadas, presente y futuras, de la vida humana. Solo cabe esperar que �stas posibilidades abran terrenos nuevos en las posibilidades de lo humano. Todo est� a�n por ver.
Las muchas impresiones vitales ya no se suceden en secuencia, cada una en su sitio y significado, ahora todo parece abigarrado e inconsecuente y la singularidad de nuestras vidas parece quedar nivelada en �sta gran simultaneidad presente de entramados horizontales sin jerarqu�a. Las ofertas concretas se multiplican, y parecen ahogarnos en su enorme marea, oblig�ndonos a absorber y absorber, priv�ndonos de nuestra capacidad de dotar de intenci�n nuestras acciones, de marcar los objetos y nuestro mundo con nuestra voluntad. Los siglos se condensan en meses, los a�os en semanas y los meses en unas pocas palabras.
En �sta nueva realidad m�ltiple, veloz, confusa y frecuentemente inconsecuente, el creador de hoy, de lo contempor�neo no puede comportarse ni como un sabio a la antigua, distante y meditativo, ni como un cabecilla de vanguardia, profeta o visionario. El creador de hoy tiene que ser mas astuto: lento y veloz, flexible y r�gido a la vez. Intuitivo y educado, sociable y aislado. Debe ser ca�tico y disciplinado. No rehuye las fuerzas colectivas, al presente y al mercado, pero le resbalan como si no lo tocaran. Con la paciencia de una ara�a teje una tela flexible y fuerte sin perder en fragilidad y delicadeza. Casi inadvertido, casi transparente, su tejido nos distraer� con su dibujo y con lo que en la red atrapa mientras que su verdadero trabajo est� en el tendido de esa red, enga��ndonos con la apariencia de que todo est� ah�, a la vista, que no se desv�a de �ste presente sin tiempo. Y ancla su construcci�n en un hilo tenso que va del recuerdo y la nostalgia a la imaginaci�n de futuro. Quiz� �ste creador permanezca cu�ndo lo contempor�neo haya quedado obsoleto.
Hoy es el ma�ana de ayer.
Hoy es el ayer de ma�ana.

From Antonio Mir�, A trav�s del temps, Palau de la Virreina, Barcelona 2005