Esencias
      A diferencia de las imágenes pálidas que generalmente llamamos “recuerdo”, hay momentos privilegiados en que un perfume, una esencia, nos asalta por sorpresa, arrancándonos violentamente del lugar y el tiempo que ocupamos para transportarnos a un lugar escondido, a un tiempo olvidado. La experiencia nos sacude con la intensidad de una tormenta, y agita en el aire ante y dentro de nosotros los fantasmas de una habitación perdida, de una voz, de la luz que ilumina otros rostros, de un aire distinto.

Así, por un instante, tenemos el privilegio de vivir simultáneamente en tiempos distintos, de ocupar varios lugares a la vez. Desafiamos la tiranía del presente que nos encadena día tras día y lo relegamos a su justa importancia en el continuo tránsito del vivir: la de convertir nuestro deseo en memoria y nuestro anhelo en nostalgia e imaginación.

Durante esos momentos la vida se despliega en dimensiones y progresiones simultáneas y contradictorias. Somos simultáneamente un fuimos y un seremos. El presente se convierte en el cuerpo del tiempo, en la superficie tensa y vibrante en que convergen los reflejos de la luz cambiante de los cielos y la luz densa que empuja desde las profundidades. En ese instante, el mundo adquiere una corporeidad tan exaltante y rica, tan detallada y precisa que al pasar nos deja como náufragos, sorprendidos de encontrarnos aún con vida sobre la misma orilla donde estábamos al partir.

*

La esencia, intensa, pasajera y volátil, que desencadenó la tormenta, no es sino la llave de acceso a nuestra memoria, al territorio más íntimo de nuestra imaginación. La memoria se sirve de esa esencia para lograr hacerse presente, así como un espíritu puede servirse de cualquier cuerpo para manifestarse, dejándonos al desvanecerse el gusto amargo y pleno de nuestra propia mortalidad.

Busco que mis cuadros sean eso: caminos de acceso a la materialidad del tiempo. Quisiera que fueran capaces de extinguirse en el momento de ser vistos, así como ese perfume que parece desvanecerse, mientras realmente se ramifica a oscuras, trabajando la profundidad de nuestra memoria.

Como un perfumista, el abstractor de la alquimia medieval, busco destilar esencias, encontrar lo que hay de más puro, más permanente en las cosas, el principio que las define y que me escapa una y otra vez. Destilar es hacer violencia a la integridad del mundo material, a la aparente integridad de la memoria, es fragmentarlo usando la fuerza, es una forma de crueldad que renuncia al todo en el intento de apoderarse de esa partícula densa y volátil en que reside el secreto de su ser y su verdad última.

Espero que mis cuadros sean inquietantes como un déjà-vu, y que con una violencia contenida asalten a quien los mira, obligándole a buscar dentro de sí el lugar preciso que reclaman. Que sean de quien, al verlos, los hiciese tan suyos que sintiese que el pintor ha sido tan sólo el instrumento de quien él, como espectador, se ha servido para acceder a su propia visión.

De Esencias, Cajastur, Oviedo, 2000