La montaña mágica
     Las obras que presento aquí tienen su origen en un mismo territorio, La montaña Mágica de Thomas Mann. Me sirvo de la novela de Mann como si fuera una mapa: por un lado me proporciona grandes figuras territoriales y por otro un cantidad de información precisa y específica. Pero como cualquier mapa, apenas constituye una aproximación al lugar. Es tanto lo descrito como lo que queda sin definir, en el vacío. Es en ese vacío, apenas teñido del rosa o del azul propio de los planisferios, en que puedo moverme con mis propios medios y por mis propios caminos sustituyendo los colores-planisferio por los míos. Así, la montaña mágica deja de ser el territorio exclusivo de Mann y se va haciendo también mío, de manera anglogo a como Hans Castorp va apropiándose de su entorno y su experiencia. En el espacio de La Montaña Mágica he reconocido un mundo afán, regido por la relación estrecha e imprevista que a veces enlaza pensamientos íntimos con objetos materiales, la fascinación por las formas del cuerpo humano y su corruptibilidad, una atracción por la naturaleza que transforma los paisajes en las formas de experiencias interiores. Las de Castorp, las m�as� En sus fronteras apenas definidas encuentra lugar lo mas concreto e inmediato junto a lo más universal y lejano. Las ideas y los recuerdos pasan a través de los objetos y por medio de ellos conviven con nosotros, revelando así la necesaria conexión entre una radiografía y el amor, un par de esquíes y la muerte, un gramáfono y la historia, un termómetro y el tiempo.

Thomas Maddock Gallery, November 1991.